Saberes y aprendizajes: LAS con LADA

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La Aventura de Aprender (LADA) es una consecuencia previsible de La Aventura del Saber (LAS). Se basa en los materiales emitidos por La 2 de RTVE perodifundidos a través de una web propia cuya finalidad es doble: primero, mostrar que los movimientos sociales también son parte del sistema educativo y, segundo, estimular en el aula prácticas experimentales que impliquen a todos los concernidos y que atiendan a lo que (nos) pasa.

La relación entre educación y nuevas tecnologías no es un invento reciente. Tanto, que ya configura el campo de estudios conocido como educational technology. También es antigua la voluntad de querer llevar contenidos a grandes sectores de la población. Siempre hubo una relación entre educación y masas, como lo demuestran la Encyclopédie y la obra de Feijóo en el siglo XVIII, las Exposiciones Universales y la obra de Flammarion en el siglo XIX, los Science Center y la película Parque Jurásico en el siglo pasado, o el mobile learning y los MOOC en el nuestro. La irrupción de contenidos cultos o educativos en la televisión tampoco son un capítulo menor en este relato de urgencia de los muchos acercamientos entre los media (nuevos) y la educación (renovada). Y, sin duda, La Aventura del Saber (LAS) merece estar entre las experiencias más duraderas e influyentes.

Nuevos actores

En 1992 tomó forma un proyecto pionero para su tiempo y necesario en nuestro mundo: hacer que la tele hablara el lenguaje de la Academia y que el sistema educativo reconociera en la televisión un aliado estratégico. Fue así como en el curso 1992-93 comenzaron las emisiones en la segunda cadena del programa La Aventura del Saber. El acuerdo con el Ministerio de Educación obligaba a que la emisión se produjera de lunes a viernes en la franja de 10:00 a 12:00, coincidiendo con el período lectivo, de septiembre a junio. Durante el verano de 1994 se creó un Gabinete de TV Educativa cuya función era diseñar series para la producción anticipada del programa.

Más de dos décadas de emisión son un récord difícil de igualar. Rutas Literarias, La mente humana, Más por menos, Con voz propia, Pop español, De la tiza al chip, El show de la ciencia, entre otras muchas, son algunas de las series con mayor suerte y audiencia. Los nombres ya nos dicen mucho de cómo estaba cambiando el país, pues no es casual que transitemos de lo literario al entertainment, y que las palabras pop, chip y show aparezcan en la cabecera. La Aventura del Saber es una de esas iniciativas silenciosas y amables que de una u otra forma están en nuestra memoria colectiva y que siempre recordamos con simpatía. Y aunque nos hayamos acostumbrado a su presencia, hay que reconocer que la idea de poner a los profes ante las cámaras y de acercar, a través de sus contenidos, conceptos complejos con verbo mundano era un atrevimiento que implicaba dar valor a lo espectacular, lo entretenido y lo superficial como aliados eficaces en la tarea de mejorar la comunicación del saber a la ciudadanía.

Pero los tiempos cambian y también las demandas sociales. La paulatina generalización del uso de internet convierte en secundarias algunas funciones que hace una década considerábamos fundamentales. Ninguna función ha sufrido más que la tarea de difundir contenidos. A la tele le ha salido un duro competidor con el que merece la pena colaborar y desarrollar proyectos juntos. Pasó la época en la que ambos medios podían ignorarse.

RTVE sigue siendo el socio capaz de producir vídeos de calidad a una velocidad imposible de batir. Y la web emerge como el nuevo actor capaz de sostener una comunidad de usuarios interesada en los materiales producidos, más allá de la franja horaria de emisión. Pero no sólo creíamos necesario mejorar la comunicación del proyecto, sino que también urgía un cambio de orientación. Más que dar cuenta de las novedades surgidas en el mundo del conocimiento, ahora queremos poner el énfasis en los procesos de aprendizaje. Queremos mostrar que la educación es algo que no sólo ocurre en el aula, sino que sucede en cualquier lugar, en cualquier momento y con cualquier persona. El motor del programa ya no son las ideas, los descubrimientos o las invenciones. Queremos transitar desde lo individual a lo colectivo. Lo que ahora nos interesa son las organizaciones, las prácticas y las comunidades capaces de movilizarse para hacer cosas juntos, para empoderarse y para hacer visibles algunos de los problemas que tienen como grupo, ya sea por pertenecer al mismo barrio o ya sea por conformar una comunidad de afectados.

Si aprender es algo que sucede a diario y, con frecuencia, extramuros del aula, nuestro programa quiere contribuir a poner en valor la importancia que tienen en la vida las experiencias de aprendizaje ciudadano. Nuestras ciudades y pueblos dan acogida a un sinfín de organizaciones informales que agrupan a colectivos interesados por hacer cosas juntos. Muchas veces quieren influir en las políticas municipales, otras están preocupados por problemas medioambientales, sanitarios, laborales, culturales o sociales. No faltan las asociaciones que tratan de mejorar la calidad de los jardines o que quieren compartir sus conocimientos sobre informática, cocina, costura o cine, sin olvidarnos de los amigos de los pájaros, las setas, las estrellas o los museos. Nuestra convicción es que, en su conjunto, son expresión de una riqueza invisible y decisiva en la construcción de la vida en común. Estamos tan seguros de su importancia que las hemos convertido en protagonistas de La Aventura de Aprender (LADA). El porqué se explica fácil: no importa cuál sea el motivo que reúna a las personas, todas las organizaciones de las que estamos hablando tienen que constituirse como comunidades de aprendizaje, tienen que ser verdaderos agentes en la tarea de identificar, seleccionar, acumular, criticar y distribuir conocimientos. Con mayor o menor modestia todas estas organizaciones que ya son tenidas por agentes decisivos en los procesos de innovación social, también deben ser consideradas parte sustantiva del sistema educativo.

Nuevos media

La Aventura del Saber ha seguido, como siempre hizo, filmando a los actores de sistema educativo. Pero ya no basta con crear buenos productos y emitirlos sin restricciones de audiencia. No basta con hacer las cosas bien, ahora hay que hacerlas mejor. Hacerlas bien, exige incorporar nuevas prácticas. La primera de ellas implica garantizar su accesibilidad en cualquier momento y sin barreras geográficas, lo que obliga a transitar desde las plataformas televisivas a las interfaces digitales. Tener los programas en la web y accesibles, guardados en un repositorio abierto y semánticamente etiquetado, es un gran logro que abre los contenidos a posibilidades hasta hace poco inéditas. Pero no es suficiente. Quedarse ahí sería despilfarrar recursos públicos.

La condición de servicio público de RTVE implica que la ciudadanía, además de tener acceso al archivo audiovisual como garantía a su derecho a la información, pueda utilizar los recursos para usos educativos, creativos o de investigación. Trabajar en la dirección correcta implica también una segunda condición: hacer que estos materiales puedan ser descargados, editados, modificados y distribuidos de forma libre. Y nosotros lo hemos logrado siempre que sea para usos educativos y sin fines de lucro. No necesitamos más privilegios que los mencionados, ni tampoco queremos entrar en polémicas que nos alejen demasiado de la realidad en la que estamos trabajando. Al mundo al que vamos se llega desde donde estamos y eso exige desbrozar una ruta, un entre tanto o un mientras qué, antes que obsesionarse con el destino. Lo inevitable, o mejor lo óptimo, es que haya varios itinerarios y que cada proyecto innove en el suyo. Lo importante, insisto, es el cómo y no el qué. Esta es la regla de oro de la nueva política o, en otras palabras, de la nueva manera de construir lo común.

La Aventura de Aprender (LADA) asume precisamente el reto del atreverse a formular preguntas sin respuesta, o cuya respuesta es más compleja de lo que esperábamos. Un proceso de aprendizaje que nos obliga a conversar con otros maestros, descubrir nuevos conceptos, arriesgarnos con lo no certificado, explorar el lenguaje audiovisual y atender las demandas del hacer compartido.

Habrá otro post para explicar en detalle la web LADA. Baste aquí con enunciar el tercero de sus ejes vertebrales. Todo gira alrededor de la cultura experimental sin confundirla con aparatos o datos, ni ninguna otra forma de technological solucionism. La cultura experimental no es un fin en sí mismo, sino un medio para abordar lo que nos pasa. Lo que nos pasa es siempre algo sobre lo que tenemos experiencia y puede que hasta urgencia, es algo que identificamos como cercano, concreto y colectivo. Decimos que nadie es más listo que el hambre, y obviamos el cómo logramos satisfacerla. El cómo que evocamos implica conocimientos, interacciones, tentativas, contrastes,… obliga a ensayar hipótesis, construir modelos, establecer protocolos, calibrar resultados, jerarquizar problemas o, en tres palabras, hacer ciencia ciudadana.

Antonio Lafuente

Instituto de Historia (CSIC)
@alafuente

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